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VIVA LAS BIENAVENTURANZAS

Por Antonio Cruz
Cuando era niño me impresionaba un misterioso cuadro que mi tío Fernando tenía colgado en la pared de su comedor. Era una especie de comic pero con dibujos propios del siglo diecinueve. En él se veía un hombre que cargado con un pequeño fardo, dudaba ante un letrero que señalaba dos caminos muy diferentes. Uno ancho, luminoso y animado de transeúntes; mientras que el otro reflejaba más bien todo lo contrario: angostura, oscuridad y casi una absoluta soledad. Lo paradójico de aquel dibujo era que la senda estrecha, que aparentemente pocos en su sano juicio elegirían, conducía ni más ni menos que a la vida eterna; en cambio, la gran avenida bulliciosa y llena de vida iba a parar directamente hacia las temibles llamas del infierno. En efecto, el cuadro ilustraba el famoso libro El progreso del peregrino de John Bunyan, en el que se afirma que el camino de los seguidores de Cristo es sumamente angosto y, en determinados momentos, amenaza a quienes transitan por él con abismos a ambos lados.
¿Se pueden vivir las bienaventuranzas o acaso proponen un camino demasiado tortuoso y difícil de cumplir? El evangelista Mateo recoge estas palabras del Maestro: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan (Mt 7:13-14). Aunque el Señor reconoce aquí que es difícil para el ser humano seguir sus pasos, no dice nunca que éste sea capaz por sí mismo de vivir las exigencias que él propone.
Éstas sólo parecen imposibles a quienes no han comprobado el atractivo del reino de Dios, ni han nacido de nuevo. Aquél que no está enamorado de Cristo, como lo estaban los discípulos, es incapaz de vivir a la altura de sus palabras. Sin embargo, el que ha sido captado por la belleza espiritual del reino recibe el don de Dios que hace posibles sus mandamientos en él. El cristiano puede vivir las bienaventuranzas no por su sólo esfuerzo sino a través de la gracia que recibe del Altísimo.
Las bienaventuranzas son como una roca sólida sobre la que el creyente puede construir su hogar. Son palabras que nos llegan desde la eternidad. Es la voz de Dios que nos habla desde el más allá traspasando los espacios siderales y la historia humana. Lo único que debemos hacer es obedecerla.
Quien se cree autosuficiente piensa que no tiene necesidad de Dios ni de sus semejantes para vivir. No necesita a nadie porque se basta a sí mismo. El mundo empieza y acaba con él. La persona se convierte así en una especie de isla solitaria y egoísta en medio del océano. Sin embargo, Dios dice que el hombre no debe vivir así porque él nos creó como seres sociales que requieren de las relaciones con los demás.
Se es pobre en espíritu, según Jesús, al ser conscientes de nuestra total indefensión y dependencia absoluta del Creador. Al reconocer que toda nuestra riqueza está en el Señor, nos volveremos abiertos, generosos y acogedores. Debemos poner en práctica la humildad interior y la paciencia ya que todo lo esperamos de Dios y confiamos plenamente en él.
Si alcanzar la perfección humana es ya algo difícil de lograr para nosotros, cuánto más lo será alcanzar la perfección de Cristo, que es la misma perfección de Dios. Sin embargo, las bienaventuranzas y el resto del sermón del monte nos proponen como norma precisamente esta perfección divina.
El Señor Jesús tomó en cierta ocasión a un niño y lo puso en medio de los discípulos y les dijo: El que en mi nombre recibe a alguien como este niño, a mí me recibe; y el que a mí me recibe no me recibe a mí, sino al que me envió (Mc 9:37). Estas palabras valen para todas las épocas y todos los lugares del mundo. Quien las elige como directrices de su vida y procura practicar la justicia mediante ellas, está de alguna manera trabajando en el auténtico perfeccionamiento del mundo y alabando al Creador del cosmos.
¿Qué quiere Dios de cada uno de nosotros? ¿Cómo hemos de reaccionar ante los dones del Padre amoroso que nos ha colmado de gracia en su creación y su redención?
Los bienaventurados
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